domingo, 28 de marzo de 2010

El Juego del Palo

Este juego fue practicado por los bimbaches, posteriormente por sus descendientes y los hijos de los conquistadores que lo aprendieron de ellos. Abreu y Galindo en su Historia de la Conquista de las 7 Islas Canarias dice que los bimbaches: “No tenían ningún género de armas sino eran unos bordones que traían cada uno liso de tres dedos de grueso, y tres veras cumplidos, que untaban con tuétano de cabra para ponerlos amarillos, que llamaban bordones o tamasaques y aunque estos bordones servían de armas más los traían para ayudarse al caminar por la fragosidad de la tierra que para su defensa…(1940: 60).

El portugués Frutuoso, Gaspar. (2004:173) dice que los bimbaches utilizaban los palos o astias como armas para atacar a los invasores: “… todos se fueron contra Juan Machín y los suyos con la intención de herirlos, tirándoles piedras y atacándolos con sus lanzas tostadas, recias, como si hubieran sido hechas de hierro.”
Como se puede apreciar el asta, además de servir de ayuda para caminar por los terrenos tan fragosos, se utilizaba como arma de defensa y ataque.
La utilización del astia como arma requería de un adiestramiento que se obtenía practicándolo desde niño. De ese aprendizaje surgió lo que se conoce como “Juego del Palo”. El juego se practicó en todos los pueblos de la isla aunque el número de practicantes nunca fue muy numeroso, probablemente debido a que es un deporte muy rudo y doloroso, y que requiere de mucho entrenamiento para mantenerse en forma. Además los que aprendían a jugar el palo ocultaban dicho conocimiento para evitar que en alguna pelea sus adversarios, conocedores de sus destrezas, los atacaran a traición
Hay testimonios de la existencia en el siglo XIX de jugadores en todos los pueblos de la isla menos en Valverde. En el golfo se destacó D. Esteben Padrón “Esteban el Solo” y en Isora, se recuerda como uno de sus mejores practicantes a D. Juan Andrés Zamora. En El Pinar es el lugar donde más auge ha tenido y se ha practicado hasta el siglo XXI.
Mención especial merece por su conocimiento del juego y por sus aportes D. Juan Francisco Quintero Zamora “Francisco Piloto” (1871-1941), sin duda el mejor jugador de palo de El Hierro, se ignora quien se lo enseño pero gracias a él se conservó ese tradicional deporte y se evitó que desapareciera.
Lo más probable es que él aprendiera y practicara el estilo tradicional, con las grande astias de los pastores, que posteriormente modificó para jugarlo con el palo un poco más corto. Debe tenerse en cuenta que D. Juan Francisco es descendiente de una larga tradición pastoril, su padre, sus abuelos y sus bisabuelos fueron pastores al igual que él.
El estilo que practicaba y enseñó a sus alumnos conocido como estilo Quintero, usa palos más cortos que las astias tradicionales, llegan a la altura del estómago, y se agarran de manera diferente. Unos dicen que aprendió esa manera de jugar en Cuba donde estuvo a comienzos el siglo XX, aunque otros afirman que fue en La Laguna cuando hizo el servicio militar.
Según Rodríguez B. Alejandro y González T. Ángel (2005:68): “el llamado Estilo Quintero, hasta donde sabemos el único juego completo y complejo mantenido hasta la actualidad por un maestro con condiciones, capacidad e interés para enseñarlo”. El maestro al que se refieren los autores es a D. Juan Cabrera Machín “Carretito” (1920) alumno de D. Juan Francisco Quintero Zamora.
D. Juan Francisco se preocupó por enseñar a los jóvenes la modalidad de juego que practicaba. Él se encerraba en un cuarto con el alumno, trancaba la puerta con llave, y a solas y fuera de miradas indiscretas les enseñaba las 5 técnicas básicas de su estilo. Se comenta que cerraba la puerta con llave para que los alumnos no pudieran salir cuando recibían algún golpe doloroso. Entre sus alumnos se destacaron su hijo Carlos Quintero, quien emigró a Cuba, junto con su tío Nicolás Quintero Zamora “Piloto”, y nunca más regresó a la isla, Juan Cabrera Machín (n.1920-), Eloy Quintero Morales (1928-1997), Francisco Gutiérrez “Francisco Martín” y Agustín Cabrera Machín. Francisco Gutiérrez y Agustín Cabrera emigraron a Venezuela, donde murieron, el primero en la ciudad de Maracay y el segundo en la de Pedraza estado Barinas.
Los maestros Eloy y Juan Quintero
Después de la muerte de D. Juan Francisco Quintero, el juego del palo pasó a ser desconocido y dejó de practicarse tanto en el pueblo como los demás pueblos de la isla. Incluso se ignoraba que hubiera alguien que lo conociera. Sin embargo el darse a conocer y promocionarse ese deporte en las otras islas a partir la década de los ochenta, hizo que D. Eloy Quintero Morales tuviera la oportunidad, en una de sus visitas a Tenerife, de mostrar al público su forma de jugar, diferente a como se hacía en Tenerife. Él lo practicaba con sus hijas y fue uno de los fundadores de la Asociación de Palo Canario en 1985.
De tal manera, que no siendo las esporádicas presentaciones, que de vez en cuando hacía D. Eloy fuera de la isla, el juego del palo en El Hierro no se manifestaba ni se conocía. Más tarde los integrantes de la recién creada fundación se pusieron en contacto con D. Juan Cabrera Machín, de quien se tenían noticia que conocía el juego. Rodríguez B. Alejandro y González T. Ángel (2004:75) comentan:
En 1989, gracias a noticias aportadas por el Dr. Lorenzo Perera, un grupo de integrantes del C. Universitario de Palo Canario (CUPC), se puso en contacto con D. Juan Cabrera Machín también de El Pinar y amigo, además de pariente lejano, de D. Eloy. A D. Juan ya le habían preguntado por su juego, puesto que otros hablaban de que sabía, pero siempre lo había negado rotundamente; sin embargo, después de un amigable intercambio de impresiones en su casa, amenizado por unos higos pasados y el excelente vino casero del Maestro, D. Juan de dejó convencer de la necesidad de retomar la practica e intentar darle divulgación pública, entendiendo que los tiempos eran distintos y que su prudente convicción hasta entonces de encubrimiento de sus secretos, podía dejarse de lado;
Por suerte, D. Juan Cabrera Machín acogió la sugerencia de los profesores, y le ha trasmitido esa modalidad a su hijo Juan Cabrera Castañeda “Juanín” (1946), a su nieto David Morales Cabrera y a otros jóvenes en diversos cursos que ha dado en la Isla. De tal manera, que después de la muerte de D. Eloy Quintero Morales, es la familia de Juan Cabrera la que se ha encargado de practicar y trasmitir y conservar el estilo Quintero.
Peleas con palos
Un hecho que se comentó mucho y que ha trascendido hasta nuestros días fue un enfrentamiento que hubo a comienzos del siglo XX entre los Pilotos y los Bravos. Los Bravos eran una de las familias más temidas, no solo en el pueblo sino en la Isla, eran hombres muy fuertes y grandes luchadores y peleadores, de tal manera que donde llegaban imponían respeto. En más de una ocasión acaban con los bailes de tango que se celebraban en las casas particulares.
En una Bajada regresaban al pueblo desde Las Asomadas cuando surgió un altercado entre los hermanos Hernández Dávila “Los Bravos” y los hermanos Quintero Zamora “Los Pilotos”. El enfrentamiento se veía desigual y los Bravos estaban llevando las de ganar, sin embargo, Juan Francisco, que era el más viejo de los hermanos, armado de un palo mediano, arremetió contra sus oponentes dejándolos fuera de combate con tanta facilidad que dejó asombrados a los que estaban contemplando la pelea.
Demás está decir que de ese momento en adelante los Pilotos fueron respetados y tratados con consideración, y que los Bravos, después de esa pelea, se cuidaban de formar trifulcas en los bailes o moliendas si en ellos se encontraba el maestro D. Juan Francisco.
El que los hombres que iban a La Bajada llevaran palos o astias era algo normal ya que les servían de ayuda para caminar por los agrestes caminos. También era costumbre que varios hombres, con sus respectivos palos, acompañaran a los tocadores para evitar que elementos extraños intentaran reventar los tambores. Uno de los más fieles acompañante durante la mayor parte del siglo XX fue Juan Hernández González “Tres Brevas”, fiel guardián del corso de La Virgen y de los tambores piñeros, y quien en más de una ocasión, sobre todo en la raya de Las Asomadas, le cayó a palos a los intrusos que se acercaban.
También era costumbre que al ir a los bailes, primero de tango y después de cuerdas, los viejos y los pastores guardaran un palo del tamaño de una vara, unos 80 centímetros, que casi siempre era de membrillo o de almendro, debajo de la manta, y el que, al menor trastorno o rebumbio, sacaban para caerle a palo limpio a los alborotadores.
Todavía en la década de los sesenta del siglo XX, algunos viejos de Las Casas, como Ildefonso Padrón, José González “Pepe Rita”, Juan “Florencio” y Secundino Quintero iban a los bailes del casino con el palo bajo la manta o abrigo, y no dudaban en sacarlo, sobre todo si los alborotadores eran los jóvenes de Taibique que llegaban, con unas cuantas copas demás y con ánimo de formar jaleo, después de las doce de la noche.
En cuanto al juego con las astias tradicionales prácticamente se he perdido. Al respecto debe tenerse en cuenta que las astias siempre fueron consideradas por los pastores como un instrumento de trabajo, que le servía para caminar por los inclinados y pedregosos campos o como una ayuda para dirigir el ganado. Al ir desapareciendo el pastoreo, su uso como herramienta de trabajo también disminuyó. Hoy día lo siguen usando los cazadores para ayudarse en sus desplazamientos por los campos.
Su utilización como arma o instrumento de defensa siempre fue algo muy puntual al cual se recurría en última instancia. En el Pinar el último caso grave de defensa y agresión con una astía sucedió el año 1951. El enfrentamiento fue entre Matías Hernández Padrón “El Raque”, vigilante privado de fincas rusticas, y el joven pastor de 18 años Domingo Morales Morales, el cual durante la pelea le dio a Matías, con el astia que cargaba, un golpe en la cabeza que le ocasionó la muerte.

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